lunes, 8 de octubre de 2012

Alquimia y ciencia: similitudes y diferencias



La alquimia es una tradición filosófica muy influyente, de carácter esotérico, cuyos comienzos se pueden rastrear en el Antiguo Egipto, cuyos propósitos podían ser muy variados, pero principalmente se vinculaban a la búsqueda de la piedra filosofal, lo que permitiría obtener poderes tales como la transmutación de metales ordinarios en metales nobles como el oro o la plata, o la obtención del elixir de la vida que confiere juventud e inmortalidad.

Si bien en general la alquimia está vinculada a estos principios filosóficos, místicos y espirituales, también se entiende que prefiguró algunas de las bases de la ciencia moderna y contribuyó a su desarrollo, sobre todo en la rama de la química y la medicina.

La alquimia espiritual



Desde sus inicios, la alquimia Occidental ha estado vinculada al Hermetismo, una doctrina filosófica y espiritual creada a partir de los postulados del personaje mítico Hermes Trismegisto en los primeros siglos de la era cristiana, y que combinó elementos de la filosofía occidental del momento (principalmente las ideas de Platón y sus seguidores) con otros más religiosos y místicos pertenecientes a culturas orientales.

La relación de la alquimia con el hermetismo es la principal razón por la que ésta es vista esencialmente como una actividad de carácter espiritual y místico. Según este punto de vista, la transformación de plomo o de otro metal en oro es un proceso externo que acompaña y simboliza al proceso que tiene lugar en el interior del alquimista que purifica y perfecciona su alma.
Esta explicación se ha mantenido a lo largo de historia y en general el proceso de la transmutación en oro ha cobrado fuerza como metáfora de un profundo cambio del alma humana que tiene lugar luego de haber descubierto la piedra filosofal. También a esta visión se asocia la búsqueda de una panacea: un remedio que curaría todas las enfermedades y prolongaría la vida.

La alquimia científica



Pero estos aspectos esotéricos y místicos de la alquimia no menoscaban otros que tienen que ver con sus procedimientos científicos o sus aplicaciones prácticas. Incluso para muchos que consideran que los antiguos alquimistas eran unos charlatanes, no niegan el valor que esta práctica significó para el desarrollo de la química y la medicina. El alquimista Robert Boyle, que vivió durante el siglo diecisiete, es reconocido como el primer químico y padre de la química moderna.

Es que en su afán por lograr las transmutaciones entre los metales, los alquimistas experimentaban con todo tipo de materiales y se valieron de herramientas que incluso se utilizan hasta hoy. Se puede decir que lo que hacían no era específicamente científico, pues en general carecían de un método y las razones por las que experimentaban muchas veces respondían al afán de una realización espiritual más que al de obtener conocimiento, aunque esto último no estuviera totalmente ausente.

Por ejemplo, uno de los científicos más importantes de la historia, Isaac Newton, practicó la alquimia durante mucho tiempo y se sospecha que esto pudo influir en su teoría de la gravedad. Durante el siglo diecisiete, la alquimia todavía era considerada una ciencia seria, pero esta era la época de la revolución científica donde la ciencia se fue separando definitivamente de lo espiritual y religioso (en gran parte gracias al propio Newton y sus leyes sobre la física, entre otros muchos aportes científicos cruciales de la época) y paulatinamente, aquellos aprendices de alquimia que no lograban conectar con su lado místico y otros escépticos críticos, comenzaron a forjar un marco más confiable para el desarrollo de una ciencia desvinculada de lo esotérico y basada en el racionalismo.

Hoy en día, la química y la ciencia en general, ya despojadas de cualquier rastro de espiritualidad o misticismo, siguen avanzando y aportando al conocimiento humano que, a su vez, es cada vez mayor y parece no conocer límites. Excepto, quizás, los que tienen que ver con el alma humana.

Fuente: http://www.ojocientifico.com